(...) Me gusta el Compact Disc. No es que sea conservador, ni nostálgico, ni amigo de las discográficas diabólicas, pero me gusta el Compact Disc y punto. Los que ahora me miran con desdén son los pobres infelices que nunca en sus vidas - igualmente infelices - supieron lo que es ansiar un álbum, esperar ardorosamente para comprarlo, buscarlo incansablemente de sucucho en sucucho como un tesoro perdido (...)
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